Dr. David López Capapé
Cirugía Ortopédica y Traumatología Deportiva

Quiste de Baker o quiste poplíteo

El quiste de Baker consiste en una tumoración o bulto en la parte posterior de la rodilla, llamada hueco poplíteo, por lo que también se denomina quiste poplíteo.

Se trata de una colección encapsulada de líquido sinovial en la región postero medial de la rodilla, de tamaño muy variable, desde insignificante, hasta de grandes dimensiones.

Es un hallazgo frecuente en los estudios con resonancia magnética, pero en la mayoría de los casos carece de relevancia clínica.

Muchos de los quistes se forman por la fuga de líquido sinovial desde la rodilla hacia la parte posterior extracapsular de la rodilla, que debido a algún mecanismo valvular, provoca la acumulación y aumento de tamaño progresivo del quiste de Baker. La causa puede ser una rotura meniscal y de la capsula posterior de la articulación de la rodilla. También son comunes en enfermedades reumáticas como la artritis reumatoidea. El quiste se va delimitando por su propia cápsula, igual que ocurre con los gangliones o quistes sinoviales en otras localizaciones.

Cuando el tamaño del quiste es importante es cuando por sí mismo constituye un motivo de preocupación y consulta para el paciente. En ningún caso debe preocupar un quiste de pequeño tamaño y asintomático que haya sido hallado casualmente en una resonancia o ecografía. Eso no quita que todo paciente con una tumoración o bulto en dicha zona deba acudir al especialista para corroborar el diagnóstico.

Tras descartar las posibles causas de las que hablábamos y cualquier otra patología de la rodilla, el médico suele recomendar un tratamiento conservador, que consiste en disminución de la actividad física (es perjudicial estar mucho de pie y caminar), aplicación de frio local, compresión con rodilleras o medias elásticas y uso de medicinas antiinflamatorias.

Si las molestias son significativas y no existe mejoría o es recidivante, nosotros plantemos como siguiente opción la punción del quiste bajo anestesia local y la aspiración del contenido del mismo, además de infiltración que favorezca la resolución del cuadro. Si la mejora no es completa o suficiente este procedimiento se puede repetir una o dos veces más.

Actualmente realizamos un vaciado y resección del quiste mediante endoscopia (a través de dos incisiones mínimas) en los pacientes con quistes de Baker sintomáticos que no han mejorado con la punción y vaciado percutáneo. Es recomendable asociar una artroscopia de la rodilla en busca de lesiones que pueden ser causa del quiste.

El postoperatorio es sencillo, poco doloroso, y solamente consiste en volver a realizar un periodo de medidas similares a las que antes comentábamos como primer tratamiento conservador del quiste.

Solamente en casos de quistes grandes y sintomáticos que no se solucionen con el procedimiento artroscópico-endoscópico se plantea, y como decimos muy excepcionalmente, una resección abierta del quiste.

En ocasiones pacientes con un quiste de Baker sufren un dolor brusco con posterior disminución del tamaño del mismo, pero gran tumefacción y dolor en la pantorrilla. El cuadro corresponde a la rotura espontánea o postraumática del quiste de Baker, y simplemente requiere extremar las medidas analgésicas, antiinflamatorias y vigilar que no exista ninguna complicación debido al gran edema en la pantorilla.

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