Fracturas de clavícula

Las fracturas de la clavícula son unas de las más frecuentes en el mundo del deporte. Las caídas sobre el hombro son la causa principal, siendo muy habituales sobre todo en ciclismo, motociclismo, esquí y deportes de contacto.

El hueso de la clavícula se considera largo por su forma, y conecta la cintura escapular al tronco a través de la articulación esternoclavicular, de gruesos ligamentos. Tiene un recorrido con una doble curva suave, y en su extremo lateral se articula con el acromion de la escápula. Esta articulación, la Acromioclavicular, también se lesiona con mucha frecuencia con caídas o golpes similares, pero en este caso en lugar de romperse el hueso lo hacen los ligamentos acromioclaviculares y coracoacromiales. Estas lesiones merecen un capítulo aparte.

La zona por donde se fractura la clavícula con más frecuencia es su parte media. Normalmente el fragmento medial o interno se asciende y se hace prominente bajo la piel. El fragmento lateral suele descender y la clavícula se acorta. En ocasiones hay tercero o más fragmentos, especialmente en fracturas con mecanismo de alta energía.

El diagnóstico es fácil inspeccionando al paciente. Las radiografías simples son fundamentales para conocer bien qué tipo de fractura es y plantear el tratamiento definitivo. No son necesarias habitualmente otras pruebas complementarias.

El tratamiento conservador con inmovilización con vendaje en ocho consigue buenos resultados en la mayoría de los casos. Tiene el inconveniente de no reducir anatómicamente la fractura y ser incómodo de llevar. Es por ello, y por la necesidad de una vuelta precoz al deporte, por lo que nosotros recomendamos la intervención quirúrgica en los casos de pacientes que quieran recuperarse pronto y para una actividad deportiva. Es pacientes sin especial interés en incorporarse al ejercicio el tratamiento ortopédico sigue siendo recomendado a no ser que exista compromiso de la piel por un gran desplazamiento.

La técnica quirúrgica más empleada en la actualidad es la reducción abierta de la fractura y la fijación interna de la misma con una placa atornillada. Hoy en día existen placas especialmente diseñadas para esta localización. Las complicaciones de esta intervención, que debe realizarse con anestesia general habitualmente, son la infección o dehiscencia de la herida (poco frecuente) y la pérdida de sensibilidad en el territorio superior del torso por lesión de ramas cutáneas en la incisión (común). Otras complicaciones más graves como la lesión de la arteria o vena subclavia son excepcionales y el cirujano debe poner todo su interés en evitarlas.

Tras la intervención se utiliza un cabestrillo durante dos semanas y se permiten inmediatamente movimientos del codo y la muñeca, restringiendo el hombro hasta los 90º de abducción. Tras la retirada de puntos en 10 días aproximados se comienza la rehabilitación.

Tanto en las fracturas operadas como en las no operadas existe el riesgo de que el hueso no una y entonces hablamos de pseudoartrosis de clavícula. En estos casos debemos operar siempre que la no unión sea dolorosa, y además de la osteosíntesis adecuada con placa y tornillos, deberemos añadir injerto de hueso u otras ayudas a la curación de la zona.

La placa de las fracturas es muy superficial, habitualmente se coloca superiormente, de modo que solemos retirarla, entre el año y los dos años de la operación.

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